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Twitter en clase de ELE: una historia de etiquetas con alguna sorpresa

A veces no sabes la utilidad que puede tener una herramienta hasta que la pruebas tú mismo. Eso es lo que me ocurrió a mí con Twitter en mis clases de ELE.

Twitter en clase de ELE: una historia de etiquetas con alguna sorpresa

A veces no sabes la utilidad que puede tener una herramienta hasta que la pruebas tú mismo. Eso es lo que me ocurrió a mí con Twitter en mis clases de español.

Mis primeros pinitos

Corría el año 2008 cuando, para un curso de formación en TICs, me puse a trastear con Twitter. Me la habían presentado como “la red de microblogging que dará que hablar” y aún desconocía completamente su funcionamiento y su utilidad como red social.

Me decidí a probar suerte y lo que más me llamó la atención fue la limitación de 140 caracteres por mensaje. Pensé de inmediato que esta obligada brevedad podía jugar a mi favor en clase y me puse manos a la obra.

Los primeros experimentos fueron ingenuamente desastrosos, como debe ser. Trabajaba con los alumnos en la sala de ordenadores e intentábamos crear historias colaborativas en tiempo real. A los alumnos les divertía la actividad, pero lo cierto es que no estaba haciendo un uso demasiado significativo de la herramienta.

Twitter nos parecía entonces una herramienta mucho menos intuitiva que ahora. El lenguaje de la red social aún no se había integrado completamente en nuestro día a día: éramos todos unos novatos en esa sala de ordenadores. Mis alumnos y alumnas —en su mayoría estadounidenses— conocían Twitter, pero pocos lo usaban a diario y les parecía curioso que lo utilizáramos en clase para aprender español.

Así que, dado el escaso éxito del experimento, dejé de usar Twitter en clase… hasta que un par de años más tarde, cuando el uso de los dispositivos móviles empezó a generalizarse, volví a la carga.

Segundo intento: el poder de las etiquetas

¿Qué me animó a retomar el uso de Twitter en mis clases de ELE? Entre otras cosas, la creación de la etiqueta #TwitterELE por parte de nuestro colega Manuel Rastrero (@mararu) y el documento colaborativo que se creó a raíz de esta iniciativa, en el que muchos colegas empezaron a compartir ideas sobre cómo utilizar Twitter de manera significativa en el aula de español.

Fue entonces cuando me di cuenta del potencial de los hashtags o etiquetas de Twitter. Gracias a ellas podemos crear un flujo de comunicación sobre un tema o participar en uno que ya existe en la red, y esto es ideal para el aula de español.

El caso es que las etiquetas me abrieron todo un mundo de posibilidades, ya que permitían trabajar la creatividad, la concisión y además crear una cronología desde la que seguir la actividad del grupo en la red.

Me animé de nuevo y comencé a llevar a clase actividades en las que explotábamos los hashtags de Twitter… y esta vez los resultados fueron mucho más satisfactorios que en aquel primer intento.

Inicialmente, me aventuré con un pequeño grupo en un curso intensivo de nivel B1, con el que realicé dos proyectos distintos: el guion de una película y una especie de decálogo de buenas maneras para sobrevivir a Barcelona.

Antes de empezar, tendría que responder algunas preguntas: ¿conocerían todos los alumnos la red y su funcionamiento? ¿tendrían ya un perfil? y, en tal caso, ¿estarían dispuestos a utilizarlo para este fin?

¡Mi sorpresa fue mayúscula cuando mis alumnos me dijeron que la idea les encantaba! Aquellos que ya eran usuarios de Twitter, se prestaron a participar sin problemas; aquellos que no, se abrieron un perfil esa misma tarde para empezar con las actividades.

En la captura que veis a continuación podéis ver el timeline o cronología inicial de uno de los alumnos que empezó a usar Twitter para la ocasión, y sus primeras aportaciones (errores incluidos, que de eso se trata también) a las dos actividades:

  • el guion, bajo la etiqueta #peliculab1uab
  • y el decálogo, marcado con #vivebcnuab.

Twitter en clase

Rizando el rizo: aprender de la experiencia

Animado por esta experiencia, y gracias a lo que los propios alumnos me fueron descubriendo sobre Twitter al realizar estas actividades, pensé en dar un paso más. «Utilicemos Twitter como plataforma para el aprendizaje informal en autonomía» me dije. Dicho y hecho.

Aprovechando que con el inicio de curso iba a hacerme cargo de un grupo de A2 durante un cuatrimestre, me planteé cómo llevar a cabo el proyecto y recordé algunas experiencias que otros compañeros y compañeras habían compartido en algunos foros. De esta manera, decidí poner en práctica, si se me permite el anglicismo, el tweet of the week, o lo que es lo mismo, la etiqueta semanal.

La actividad consistiría en lo siguiente: los alumnos deberían tuitear un mensaje semanal a partir de una etiqueta que yo les propondría. Las etiquetas tendrían como objetivo activar cuestiones de vocabulario, de estructura o simplemente de relación entre el grupo.

En un primer momento, opté por etiquetas sencillas que fomentaran la brevedad. La primera de ellas fue #vivoenbcn y su objetivo era, básicamente, que los alumnos se familiarizasen con Twitter y con su uso enfocado al aprendizaje.

Pretendía que Twitter fuera un espacio libre de creación, un lugar en el que lo que se escribiera fuera significativo y no porque lo dice el profesor. Así que les invité a abrirse sus perfiles, seguir a sus compañeros y compañeras y tuitear una palabra, una pequeña frase o simplemente una imagen que representara sus primeras impresiones sobre la ciudad en la que iban a vivir los siguientes cuatro meses.

La idea funcionó muy bien y, a partir de aquí, fuimos incrementando la complejidad de las tareas, proponiendo instrucciones más específicas (con objetivos más lingüísticos en algunos casos) o aumentando la interacción del grupo.

Los propios alumnos también propusieron algunas etiquetas y comenzaron a incluir imágenes, vídeo y enlaces en sus tuits. De forma gradual y natural nuestro uso de la herramienta se fue haciendo más rico y completo. En poco tiempo Twitter nos llegó a servir para diferentes actividades dentro y fuera del aula.

Finalmente, a partir del cortometraje La Dama y la Muerte de Javier Recio, con el que me gusta mucho trabajar en clase, hicimos una historia colaborativa como proyecto final bajo la etiqueta #DamaMuerte.

Si conocéis el corto, sabréis que se trata de una historia muda, así que las instrucciones eran muy claras: había que contar la historia, en pasado y aportando un mínimo de tres tuits por persona —no consecutivos, para fomentar la creatividad y, sobre todo, la interacción del grupo—.

Twitter en clase

Twitter en clase

Este último ejemplo, de alguna manera, cerraba el círculo que algunos años antes —ingenuamente— había abierto con aquellas historias colaborativas que los alumnos escribían en la sala de ordenadores en tiempo real.

Si te preocupa la privacidad…

Llegados a este punto, quiero hacer constar una cosa para quienes no usan Twitter con sus alumnos por cuestiones de privacidad: yo siempre he compartido mi perfil con los alumnos y alumnas y nunca me he encontrado con problemas de mal uso.

Otra opción, por supuesto, es utilizar un perfil diferente y específico para estas cuestiones académicas —como hacen algunos de mis estudiantes—. Se pierde un poco en naturalidad, pero cada usuario debe decidir el uso que hace.

En cualquier caso, es importante tener en cuenta que para trabajar con etiquetas los perfiles deben ser siempre abiertos y que las actividades saldrán mejor cuanta más interacción exista —que los alumnos se sigan entre ellos y al profesor y viceversa—.

Experiencias y reflexiones recientes

Tengo que decir que, usar Twitter en clase no siempre me ha resultado fácil ni satisfactorio y que, de la misma manera que aquí he contado algunas de mis mejores experiencias, las ha habido menos buenas porque, como bien sabéis, en un aula se dan muchas circunstancias que a veces favorecen cierto tipo de trabajo y otras veces no.

Quizá lo más importante sea, como con cualquier otra herramienta o material que llevemos a clase, conocerlo, probarlo y estar convencido de cuál es el objetivo que queremos cumplir. Lo demás, viene solo (con mayor o menor grado de éxito).

En los últimos meses me he atrevido a experimentar nuevas ideas incluso con alumnos principiantes, con los que siempre me frenaba a la hora de utilizar Twitter.

Me he dado cuenta de que el gran poder de las redes en el proceso de aprendizaje es el contacto real con la lengua e incluso con las jergas y que es una excelente ocasión para trascender las barreras del aula.

Así, he animado a mis alumnos a seguir a cantantes o futbolistas, cuentas de actualidad o a navegar por los TT (trending topics o temas de mayor popularidad en la red) locales y nacionales para aprender vocabulario y descubrir cosas que seguramente yo no podría descubrirles.

Por qué merece la pena usar Twitter en clase

¿Qué es, en definitiva, lo que Twitter puede aportar al aula de español?

  1. Por un lado nos permite poner en contacto al alumno con material real y darle la oportunidad de aportar al curso materiales de su interés. De alguna manera, es todo más democrático —y cómodo para nosotros— porque el profesor no tiene que seleccionar cada texto, imagen o vídeo que aparece en clase; si bien la supervisión del trabajo que están realizando los alumnos será siempre necesaria, como en cualquier otro aspecto del curso.
  1. Por otro lado, la brevedad y la inmediatez que exige Twitter, como decía al principio, suelen ser una baza a nuestro favor, ya que el alumno no percibe las tareas de manera pesada, una vez que ha entendido el objetivo del juego. Porque se trata, al fin y al cabo, de jugar con elementos que nos resulten útiles de cara a nuestro objetivo último: aprender español.

Para terminar, os invito a visitar mi perfil, donde podréis encontrar, en forma de retweet, muchas de las actividades que he ido desarrollando estos años. Y, cómo no, os animo a preguntarme vuestras dudas y a compartir en los comentarios vuestras experiencias con Twitter en el aula de ELE.


Sobre el autor: Soy José Luis Espinosa Sales y soy licenciado en Filología Hispánica y Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Filología Moderna. En mis diez años de experiencia docente he sido profesor en varias universidades de España e Italia y formador. Actualmente desarrollo mi tarea docente en UAB Idiomes BCN, centro de idiomas de la Universitat Autònoma de Barcelona, donde ejerzo también funciones de coordinación académica.