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¿Profesor nativo o no nativo? He ahí la cuestión

¿Es realmente mejor tener un profesor nativo que uno no nativo? La profesora Tatiana Gunko te dará qué pensar sobre este tema con este artículo.

¿Profesor nativo o no nativo? He ahí la cuestión

La pregunta shakesperiana está al orden del día. Vivimos en un mundo globalizado en el que cada día es más frecuente que cualquier centro de lenguas, sea público o privado, de fama internacional o muy modesto, cuente con un profesor nativo. Uno o varios. Porque todos queremos aprender una lengua extranjera con profesores nativos, ¿no?

Es una pregunta trampa, me contestaréis vosotros. Efectivamente, así es, pero a mí me encanta esta pregunta trampa. ¿Por qué? Porque soy una profesora no nativa. En mi afán reivindicativo me propongo reavivar la polémica sobre la famosa dicotomía de “natividad – no natividad” en el aula de lenguas extranjeras.

Ser profesor no nativo

Si reflexionamos sobre las ventajas de los profesores no nativos, vemos que son varias, como es natural.

Primero, somos más. De momento. Es nuestra ventaja y desventaja al mismo tiempo. El hecho de contar con profesores nativos supone un gran plus para muchos centros lingüísticos y academias de idiomas a la hora de atraer a más alumnos. Suelen tener varios profesores no nativos frente a uno o dos nativos. Incluso en el mundo globalizado en el que vivimos los profesores no nativos predominamos.

¿Será algún día al revés? Para mí es una gran incógnita. Siempre me preguntaba: si se valora más al profesor nativo, ¿por qué se sigue estudiando, por ejemplo, la filología francesa para ser profesor de francés en España en vez de estudiar la hispánica para ser profesor de español en Francia? ¿Por tradición o costumbre? Sinceramente, creo que hay algo más.

De alguna manera todos somos conscientes de que la mayor ventaja de los profesores no nativos es haber sido estudiante de la lengua que enseñan y seguir siéndolo toda la vida.

El profesor no nativo se ve reflejado en sus estudiantes. Hace poco estaba en su lugar, tuvo que pasar exactamente por el mismo proceso y afrontar los mismos retos que ellos. Tiene la misma perspectiva, valora sus esfuerzos y celebra sus éxitos con conocimiento de causa porque a él/ella también le costó en su día entender o interiorizar ciertos aspectos lingüísticos, pragmáticos y culturales. Esto crea un ambiente de complicidad entre el profesor y el alumno y cohesiona la clase: tanto el docente como el discente son piezas del mismo proceso, el de enseñanza-aprendizaje de una lengua.

En este aspecto el profesor no nativo les ofrece a sus estudiantes un modelo a seguir. Su condición de no nativo es una herramienta perfecta para desarrollar en los alumnos la sensación de pertenencia a la comunidad de aprendientes de español. Esto se debe a que, en realidad, ningún estudiante aspira a ser como un hablante nativo. Pero sí a ser como una persona de su nacionalidad que habla perfectamente la lengua meta.

No todo son mitos

Aquí hemos llegado a un aspecto clave de la formación de los profesores no nativos: el nivel de dominio del idioma. No me queda otra que reconocer que este es el gran problema de los profesores no nativos frente a los nativos. Parece mentira que hoy en día en todo el mundo, sin señalar ningún país en concreto, haya profesores que no tengan ni el B1 del idioma que enseñan. No estoy exagerando, algunos no llegan ni a A2.

Sin duda, estamos ante un claro caso de fracaso comunicativo. Es más que obvio que esta falta de competencia lingüística no se puede cubrir ni con cursos de metodología, ni másters ELE, ni siquiera con doctorados. Entonces, no es de extrañar que se idealice al hablante nativo. Es más, no solo al profesor nativo, sino también al hablante sin formación específica para dar clases de lengua. Esta situación da pie a muchos mitos y falsas creencias que resaltan la superioridad de los profesores nativos frente a los no nativos.

Al margen del debate, yo personalmente considero que el aporte del hablante nativo al aula de lenguas es enormemente significativo. Representa un modelo de agente de comunicación al que el alumno tendrá que hacer frente en las situaciones reales. Es decir, presenta la lengua “en acción”, una lengua llena de colores, sabores, matices y emociones que un profesor no nativo difícilmente podría ofrecer. Los alumnos tienen la sensación de estar en contacto directo con una cultura diferente. Se sumergen en la cultura y la lengua que aprenden.

Si el hablante en cuestión tiene formación básica (no tiene que ser obligatoriamente filología), conocimientos de didáctica y metodología y experiencia como aprendiente de una lengua extranjera, entonces, son indiscutibles las ventajas que aporta al aula de lenguas. Además, por mi propia experiencia sé que los profesores nativos traen materiales más nuevos y nos ponen en contacto con un contexto metodológico diferente y muchas veces más avanzado.

He aquí una nueva serie de preguntas para reflexionar. ¿Los profesores nativos son capaces de despertar más curiosidad en sus alumnos? ¿Los emocionan más que los no nativos? ¿Motivan más por introducir en el aula una visión diferente, a veces exótica? Bien sabemos por los avances de la neurociencia que los procesos cognitivos son inseparables de las emociones. Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, la curiosidad (Mora Teruel, 2013). De ello se comprende que todo el mundo quiera aprender con un profesor nativo. Visto así, puede que el mito no carezca de fundamento.

Del mito a la ciencia

Si bien las tendencias generales suelen valorar más al profesor nativo, en cambio, las investigadoras son bastante favorables para los profesores no nativos. La comunidad científica sale a nuestra defensa. Algunos autores incluso llegan a calificar la dicotomía “profesor nativo – no nativo” como políticamente incorrecta (Medgyes, 2001). También se asegura que los profesores no nativos ofrecen a los alumnos un buen modelo de aprendizaje y elaboran unas estrategias de enseñanza más eficaces basadas en su propia experiencia. Por esta misma razón localizan mejor los aspectos más problemáticos, prevén posibles dificultades y, por ende, son más sensibles a ellas. Además, como aspecto clave se resalta el hecho de que comparte el mismo idioma con los alumnos.

Llegados a este punto, parece lógico abordar el tema de la lengua materna en clase de idiomas. Creo que los profesores que compartimos la lengua materna con los alumnos tenemos una gran ventaja frente a los profesores que no la hablan. Conocer las diferencias y similitudes de la L1 y la L2 ayuda a resolver muchos problemas en el aula. Una pequeña dosis, una inyección de vitamina L1 genera un input de calidad, ofrece unas soluciones rápidas y eficaces a los aspectos más problemáticos y, en consecuencia, ayuda a reducir la ansiedad.

En este aspecto comparto la opinión de Mar Galindo, mi compañera del equipo de ProfeDeELE. Uno de sus artículos se titula “L1 en el aula de L2: ¿Por qué no?” (Galindo Merino, 2012). Esta misma pregunta la planteo yo, ¿por qué no? Desde mi experiencia creo que el alumno necesita el apoyo de su lengua materna. Los alumnos llegan a nuestras aulas con un bagaje lingüístico que no deberíamos desaprovechar. En mi caso son bilingües y en la mayoría de los casos tienen un buen nivel de inglés. En estas circunstancias recurrir al análisis contrastivo es muy productivo, sobre todo para tratar los temas que presentan dificultades, como el contraste de los verbos ser y estar o uso de los pasados.

Yo tengo un sueño…

Que no se me malinterprete. Con esta frase de Martin Luther King no estoy reclamando la igualdad de los profesores nativos y no nativos. Somos diferentes y todos tenemos nuestros puntos fuertes y débiles. Más bien es un llamamiento a la colaboración. Porque mi sueño es dar clases codo con codo con los profesores nativos. Apoyándonos mutuamente. Creo que de nuestras respectivas experiencias y perspectivas podemos aprender igual o más que en cualquier curso de formación.

Aquí nos tenéis a mi compañera de ProfeDeELE, María Méndez, y a mí en un taller conjunto que impartimos en las X Jornadas Didácticas en Lviv (Ucrania) a finales de mayo. Se nota que estamos disfrutando, ¿no? Esta vez no es una pregunta trampa.

Tatiana Gunko y María Méndez

Crédito de las imágenes:
Actor dramático – Illustration: Stock vector © JuanDarien
Fotografía de Tatiana Gunko y María Méndez – Oksana Kushnir


Unas palabras de la autora, Tatiana Gunko: Soy licenciada en filología inglesa y doctora en literatura universal. Desde 1999 he trabajado como profesora de español e inglés en varias universidades ucranianas. En la actualidad dirijo Centro Ucraniano-Hispano de la Universidad Nacional Minera de Ucrania. Me siento especialmente orgullosa de formar parte del equipo de ProfeDeELE donde soy coautora de materiales didácticos, coeditora del Diario ProfeDeELE y coadministradora de la página de la TV de ProfeDeELE.